miércoles, 10 de junio de 2020

Horacio Quiroga



Horacio Silvestre Quiroga Fortaleza, conocido como Horacio Quiroga, fue uno de los más importantes escritores de Uruguay y Argentina del siglo XX.

Nació en Salto, Uruguay, el 31 de diciembre de 1878, ciudad situada sobre el río Uruguay, el que sería muy importante en su vida y obra. Estudió en Montevideo, y ya desde jóven mostró interés en la literatura, la química, la fotografía, la mecánica, el ciclismo y la vida de campo. En 1901, a los 23 años, publicó su primer libro, Los arrecifes de coral, que contenía poemas, cuentos y prosa lírica. Gran admirador de Edgar Allan Poe, podemos ver esa influencia en muchos de sus cuentos de terror, como El almohadón de plumas y La gallina degollada. Pero curiosamente, su amor por la selva y la naturaleza, lo llevó a escribir maravillosos cuentos infantiles en el libro Cuentos de la selva. 

Pero no es sobre su biografía de lo que quiero hablar acá, si les interesa la podrán encontrar en Wikipedia y otros sitios de Internet, sino de una particularidad de su vida. Si leyeron su colección de cuentos Cuentos de amor, de locura y de muerte, sabrán lo terribles que pueden llegar a ser algunas de sus historias. Sin embargo, hay una historia mucho más terrible, de la que Quiroga nunca escribió: su propia vida.

Cuando Horacio tenía dos meses, un día su padre, Prudencio Quiroga, se fue a una jornada de caza. Cuando regresaba en una lancha, un amigo decidió ir a esperarlo y llevó al pequeño Horacio en brazos. Cuando Prudencio descendía de la embarcación, se le disparó accidentalmente el arma, y murió frente a los ojos de su pequeño hijo. Unos años después, su madre se volvió a casar con Mario Barcos, quién resultó ser un buen padre y se llevaba muy bien con el joven Horacio. Cinco años después, Barcos sufrió un derrame cerebral y quedó semi-paralizado y mudo. Cuando Horacio tenía 18 años, su padrastro se suicidó disparándose en la boca con una escopeta manejada con el pie, justo en el momento en que Horacio entraba en la habitación.

Decidió entonces invertir la herencia que recibió en un viaje a Paris. En esa ciudad las cosas no resultaron como el esperaba, y unos meses después regresó en la ruina, mal vestido, hambriento y con una larga barba que nunca dejaría.

Al mismo tiempo que publicaba su primer libro, en 1901, recibió la noticia de que sus dos hermanos, Prudencio y Pastora, habían muerto de fiebre tifoidea en el Chaco. Ese mismo año, su amigo Federico Ferrando, cuyos escritos habían recibido malas críticas del periodista Germán Papini Zas, decidió batirse a duelo con este. Preocupado por su amigo, Quiroga decidió verificar si el arma que se usaría estaba en buenas condiciones. Mientras revisaba el arma se le escapó un disparo que dio contra la boca de Ferrando, matándolo instantáneamente. Quiroga fue detenido y llevado a la cárcel, pero fue liberado a los cuatro días al confirmarse que la muerte de su amigo había sido accidental.

A raíz de este accidente, Horacio dejó Uruguay y se fue a vivir a Buenos Aires, y después a Misiones, a la orilla del Alto Paraná. En 1908, cuando tenía 30 años, Quiroga se enamoró de una de sus alumnas, una adolescente llamada Ana María Cires. A pesar de que los padres de la muchacha se oponían a la relación, finalmente obtuvo el permiso para casarse y después del matrimonio se trasladaron a Misiones. Un año después nació su primera hija, Eglé, y al año siguiente su hijo Darío. Quiroga se ocupó personalmente a educar a sus hijos, y desde pequeños les enseñó a desenvolverse en el monte y la selva, exponiéndolos siempre a peligros controlados, para enseñarles a manejarse solos. Eglé y Darío disfrutaban de estas aventuras, pero su madre vivía aterrorizada. La hija aprendió a criar animales silvestres, y el hijo a usar la escopeta, manejar una moto y navegar solo en una canoa.

En 1915, Ana María Cires se suicidó ingiriendo un químico utilizado para el revelado fotográfico, lo que generó una agonía de ocho días a través de la cual la acompañó Horacio. Tras este suicidio, Quiroga regresó a Buenos Aires. Vivió los siguientes años entre esta ciudad y Misiones.

En 1927, con 49 años, se mudó a una quinta en Vicente López en Buenos Aires, y al poco tiempo se enamoró de una joven, compañera de escuela de su hija Eglé. Se casaron ese mismo año, antes de que ella cumpliera 20 años. en 1932, se mudó definitivamente a Misiones, con su esposa y su tercera hija, María Helena, más conocida como Pitoca. En 1935 Quiroga empezó a sufrir problemas de salud, y en un hospital de Posadas le diagnosticaron hipertrofia de próstata. Su joven esposa, con la que llevaba una relación difícil, lo abandonó y regresó a Buenos Aires. Su salud fue empeorando, y decidió regresar a Buenos Aires donde lo internaron en el Hospital de Clínicas. Estudios revelaron que tenía un caso avanzado de cáncer de próstata. En el hospital Quiroga se enteró de que en los sótanos se encontraba encerrado un hombre que sufría la misma enfermedad que el famoso Hombre Elefante de Inglaterra, y era considerado un monstruo. Quiroga consiguió que el hombre, llamado Vicente Batistessa, fuera liberado y lo trasladaran a su habitación. Quiroga y el "monstruo" se hicieron muy buenos amigos durante el poco tiempo que compartieron la habitación.

Pero Quiroga no quiso esperar que la muerte le llegara. Con la ayuda de su compañero de habitación, bebió un vaso de cianuro que lo mató en pocos minutos en el medio de fuertes dolores.

Pero la tragedia de la vida de Horacio Quiroga no iba a finalizar con su muerte. Sus hija Eglé se suicidó ese mismo año. Al año siguiente murieron, también por suicidio, dos de sus mejores amigos, Leopoldo Lugones, también con cianuro, y Alfonsina Storni, ahogándose en el mar. En 1951 se suicida también su hijo Darío.

El último capítulo de esta historia sucedió el 14 de enero de 1988. Ese día una mujer entró a un hotel de la calle Maipú de Buenos Aires y pidió una habitación en un piso elevado. Le dieron una en el noveno piso. Pagó por adelantado. Por la tarde la vieron salir vestida de blanco. Regresó pasada la medianoche. Pidió que le llevaran una cerveza al cuarto y la pago en el momento. Al rato se escuchó un ruido fuerte en la calle. Frente a la puerta estaban los restos de la mujer del 903, con los pantalones blancos y una cinta adhesiva sobre la boca.

Era María Elena Quiroga, a quien su padre llamara Pitoca. En ese momento tenía 60 años. Casi no había conocido a su padre quien muriera cuando ella tenía ocho.

Su amigo, el escritor Ezequiel Martínez Estrada dijo de Horacio Quiroga: "Ha sido. sin ninguna duda, la más dramática y tremenda de todas sus obras", 



    








jueves, 23 de abril de 2020

Mack y Pedro


Supongo que la mayoría habrá escuchado alguna vez la canción Pedro Navaja de Rubén Blades. Esta canción, probablemente la más famosa del genero Salsa, nos cuenta una historia sobre un personaje, Pedro Navaja, que es un ladrón y asesino que utiliza esta arma, la navaja, para matar a sus victimas para poder robarlas.

Lo que no muchos saben es que esta canción está inspirada en otra igualmente famosa que se llama Mack the Knife, Mack la Navaja. Esta canción se hizo famosa en la versión que grabara el norteamericano Bobby Darin en 1959, aunque ya en 1956 Louis Armstrong la había grabado. 

Pero la historia de esta canción es interesante. En 1928, los alemanes Kurt Weill y Bertolt Brecht, presentaron un musical llamado Die Dreigroschenoper o La Opera de Tres Centavos. Esta obra abre con un preludio en el que un cantante callejero canta sobre un asesino y notorio criminal conocido como Makie Messer, Mack the Knife en inglés, el personaje central de la obra, llamado Macheath. Este musical es una versión, a su vez, de Beggar´s Opora, la Opera del Mendigo, una obra de teatro musical escrita en 1728 por el inglés John Gay. Ambas cuentan las andanzas de Macheath y otros personajes del bajo mundo de Londres, delincuentes, prostitutas y policias corruptos.  

La idea de Gay fue llevar a la “opera”, genero dirigido específicamente a las clases más acomodadas, a las personas de pocos recursos, de ahí el nombre de “Opera del Mendigo”, o la “Opera de Tres Centavos” de los alemanes, precio que todos podían pagar para entrar. Desde entonces se han hecho muchas adaptaciones de esta obra, en teatro, cine y grabaciones. La “Opera do Malandro” de Chico Buarque, es una adaptación en la que se llevan las acciones al Brasil de los años 40. Esta obra comienza con la canción “O Malandro”, que es la canción original de Weill y Brecht, con textos de Buarque.     

Me pareció interesante hacer una comparación de las letras de “Mack the Knife” a través del tiempo y los idiomas.


Die Moritat von Mackie Messer

Und der Haifisch, der hat Zähne
und die trägt er im Gesicht
und Macheath, der hat ein Messer,
doch das Messer sieht man nicht.

Und es sind des Haifischs Flossen
rot, wenn dieser Blut vergießt
Mackie Messer trägt 'nen Handschuh
drauf man keine Untat liest.

An der Themse grünem Wasser
fallen plötzlich Leute um
Es ist weder Pest noch Cholera,
doch es heißt: Mackie geht um.
An 'nem schönen blauen Sonntag
liegt ein toter Mann am Strand
und ein Mensch geht um die Ecke,
den man Mackie Messer nennt.

Und Schmul Meier bleibt verschwunden
und so mancher reiche Mann
und sein Geld hat Mackie Messer,
dem man nichts beweisen kann.

Jenny Towler ward gefunden
mit 'nem Messer in der Brust
und am Kai geht Mackie Messer,
der von allem nichts gewußt.

Wo ist Alfons gleich, der Fuhrherr?
Kommt er je ans Sonnenlicht?
Wer es immer wissen könnte
Mackie Messer weiß es nicht.

Und das große Feuer in Soho,
sieben Kinder und ein Greis
In der Menge Mackie Messer, den
man nichts fragt, und der nichts weiß.

Und die minderjähr'ge Witwe,
deren Namen jeder weiß,
wachte auf und war geschändet
Mackie, welches war dein Preis?

Und die einen sind im Dunkeln
und die anderen sind im Licht
Doch man sieht nur die im Lichte,
die im Dunklen sieht man nicht
Doch man sieht nur die im Lichte,
die im Dunklen sieht man nicht
Und nun kommt zum guten Ende
● Como mis conocimientos del idioma alemán son muy escasos, le pedí a mis amigas Gabi Haym y Claudia Hiller, ayuda con la traducción:

La balada de Mackie la Navaja

Y el tiburón tiene dientes,
que vemos en su cara
y Macheath, tiene un cuchillo,
que nadie puede ver.

Y la aleta del tiburón que se vuelve roja
Cuando él la sangre derrama.
Mackie la Navaja usa un guante,
Que no deja rastro de ningún crimen.

En un hermoso domingo de cielo azul
yace un hombre muerto en la costa
y un hombre dobla por la esquina.
al que llaman Mackie la Navaja.

Y Shmuel Meier sigue desaparecido,
Y muchos otros hombres ricos,
y su dinero lo tiene Mackie la Navaja.
A quien nadie puede probar nada.

Encontraron a Jenny Towler,
 con un cuchillo en el pecho
y por el muelle va Mackie Messer,
quien no sabe nada de eso.

¿Dónde está Alfons Glite el conductor?
¿Alguna vez volverá a ver la luz?
¿Quién podrá saberlo?
Mackie la Navaja no lo sabe.

Y el gran incendio en el Soho,
siete niños y un anciano.
En la multitud está Mackie la Navaja,
al que nadie pregunta, y él que nada sabe.

Y la viuda menor de edad,
cuyo nombre todos conocen,
despertó y fue violada.
¿Mackie, cuál fue tu precio?

Y algunos están en la oscuridad,
Y otros en la luz,
Pero uno solo ve a los que están en la luz,
Los de la oscuridad uno no los ve,

Y ahora llega un buen final,
Todos bajo el mismo techo,
¿Tenemos el dinero necesario?
¿Para un final feliz?


● Versión en inglés. Las letras en la versión de Bobby Darin y la de Louis Armstrong son algo distintas:


Mack the Knife

Oh, the shark, babe, has such teeth, dear
And he shows them pearly white
Just a jackknife has old Macheath, babe
And he keeps it, out of sight

You know when that shark bites with his teeth, babe
Scarlet billows start to spread
Fancy gloves, though, wears old Macheath, babe
So there's never, never a trace of red

Now on the sidewalk, sunny morning, 
Lies a body just oozin' life
And someone's sneakin' 'round the corner
Could that someone be Mack the Knife?

There's a tugboat, down by the river, don't ya know
Where a cement bag's just a-droopin' on down
Oh, that cement is just, it's there for the weight, dear
Five'll get ya ten old Macky's back in town

Now d'ya hear about Louie Miller?
He disappeared, babe
After drawin' out all his hard-earned cash
And now Macheath spends just like a sailor
Could it be our boy's done something rash?

Now Jenny Diver, Sukey Tawdry
 Miss Lotte Lenya, and old Lucy Brown
Oh, the line forms on the right, babe
Now that Macky's back in town.


● Mi traducción:

Mack la Navaja
El tiburón, querida, tiene unos dientes,
Y los muestra, blanco nacarado.
Solo una navaja tiene el viejo Macheath,
Y la mantiene escondida.
Sabes que cuando el tiburón muerde con sus dientes,
Una nube escarlata se comienza a extender.
Sin embargo, el viejo Macheath usa guantes elegantes,
Así que nunca, nunca hay un rastro de rojo.
En la vereda, una mañana soleada,
Hay un cuerpo derramando vida,
Y alguien desaparece por la esquina,
¿Podría ese ser Mack la Navaja?
Hay un remolcador en el río,
Del que cae una bolsa de cemento,
Pero ese cemento está allí solo por el peso,
Te apuesto cinco a diez, que el viejo Macky ha regresado a la ciudad.
¿Escuchaste sobre Louie Miller?
Ha desaparecido,
Después de retirar todo el dinero que tanto le costó,
Y ahora Macheath gasta como un marinero,
¿Podría ser que nuestro muchacho ha hecho algo impulsivo?
Jenny Diver, Sukey Tawdrey,
Lotte Lenya y Lucy Brown, *
La línea se forma a la derecha,
Ahora que Macky ha vuelto a la ciudad,
*En estos nombres vemos un juego del traductor. Jenny Diver, Sukey Tawdrey y Lucy Brown son personajes de la Opera de Tres Centavos, pero Lotte Lenya era la esposa de Kurt Weill, que como cantante y actriz desempeñó el papel de Jenny en la primera presentación de la obra en Berlín.   

● Y por fin, la canción Pedro Navaja de Rubén Blades. Ahora van a entender mejor de dónde vino la inspiración, tan genial que hasta Joaquín Sabina dijo que ojalá la hubiera escrito él.

Una versión muy particular
Pedro Navaja
 Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar,
Con el tumbao que tienen los guapos al caminar
Las manos siempre en los bolsillos de su gabán
Pa' que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal
Usa un sombrero de ala ancha de medio lao'
Y zapatillas por si hay problemas salir volao'
Lentes oscuros pa' que no sepan qué está mirando
Y un diente de oro que cuando ríe se ve brillando

Como a tres cuadras de aquella esquina una mujer
Va recorriendo la acera entera por quinta vez
Y en un zaguán entra y se da un trago para olvidar
Que el día está flojo y no hay clientes pa' trabajar
Un carro pasa muy despacito por la avenida
No tiene marcas, pero todos saben que es policía

Pedro Navaja las manos siempre dentro el gabán
Mira y sonríe y el diente de oro vuelve a brillar
Mientras camina pasa la vista de esquina a esquina
No se ve un alma está desierta toda la avenida
Cuando de pronto esa mujer sale del zaguán
Y Pedro Navaja aprieta un puño dentro 'el gabán
Mira pa' un lado mira pal' otro y no ve a nadie
Y a la carrera, pero sin ruido cruza la calle

Y mientras tanto en la otra acera va esa mujer
Refunfuñando pues no hizo pesos con qué comer
Mientras camina del viejo abrigo saca un revolver, esa mujer
Y va a guardarlo en su cartera pa' que no estorbe
Un treinta y ocho Smith and Wesson del especial
Que carga encima pa' que la libre de todo mal

Y Pedro Navaja puñal en mano le fue pa' encima
El diente de oro iba alumbrando toa' la avenida, ¡ hizo fácil!
Mientras reía el puñal le hundía sin compasión
Cuando de pronto sonó un disparo como un cañón
Y Pedro Navaja cayó en la acera mientras veía, a esa mujer
Que revolver en mano y de muerte herida ¡ay! le decía
Yo que pensaba “hoy no es mi día, estoy salá
Pero Pedro Navaja tú estás peor, no estás en na.”

Y créanme gente que aunque hubo ruido nadie salió
No hubo curiosos, no hubo preguntas, nadie lloró
Sólo un borracho con los dos cuerpos se tropezó
Cogió el revólver, el puñal, los pesos y se marchó
Y tropezando se fue cantando desafínao'
El coro que aquí les traje y da el mensaje de mi canción
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ¡ay Dios!


Pedro Navaja matón de esquina
Quien a hierro mata, a hierro termina

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vid ¡ay Dios!


Valiente pescador, al anzuelo que tiraste
En vez de una sardina, un tiburón enganchaste

¡I like to live in América!

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ¡ay Dios!


Ocho millones de historias tiene la ciudad de Nueva York


La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!


Como decía mi abuelita, el que último ríe, se ríe mejor
¡I like to live in América!


La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios


Cuando lo manda el destino, no lo cambia ni el más bravo
Si naciste pa' martillo, del cielo te caen los clavos


La vida te da sorpresas sorpresas te da la vida ¡ay Dios!


En barrio de guapos, cuidao en la acera
Cuidao' camará que el no corre, vuela


La vida te da sorpresas sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!


Como en una novela de Kafka, el borracho dobló por el callejón


La vida te da….

jueves, 19 de marzo de 2020

El Fausto Criollo




En un overo rosao,
Flete nuevo y parejito,
Caiba al bajo, al trotecito,
Y lindamente sentao,
Un paisano del Bragao,
De apelativo Laguna:
Mozo jinetaso ¡ahijuna!
Como creo que no hay otro,
Capaz de llevar un potro
A sofrenarlo en la luna.

Así comienza la poesía gauchesca Fausto, del escritor argentino Estanislao del Campo. También conocida como “Fausto: Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de esta ópera”, “El Fausto de Estanislao del Campo” o “El Fausto Criollo”.

Esta obra, publicada en 1866, es considerada, junto a Martín Fierro de José Hernández, Santos Vega de Hilario Ascasubi, Los Tres Gauchos Orientales del uruguayo Antonio Lussich y Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes, una de las obras fundamentales de ese estilo literario. Sin embargo, la obra de del Campo tiene una característica que la diferencia de las otras: el humor.

Ese mismo año se estrenó en el Teatro Colón de Buenos Aires, en esa época ubicado en frente a lo que hoy en día es la Plaza de Mayo, la opera de Charles Gounod Fausto, inspirada en la obra de Goethe. Del Campo fue a una función acompañado de su esposa, y se unió al palco con ellos el poeta Ricardo Gutierrez, amigo de la familia. Del Campo, hombre de mucho sentido del humor, comenzó a hacer comentarios jocosos sobre lo que sucedía en el escenario, desde lo que podía ser la mirada de un hombre de campo, a quienes él conocía bien. Esta fue la inspiración para componer su poema gauchesco.    

En Fausto, del Campo se centra en la conversación entre dos gauchos amigos, Anastasio el Pollo y Don Laguna, en algún lugar del campo cerca de la ciudad de Bragado en la Provincia de Buenos Aires. Estos dos amigos, que hace tiempo que no se ven, aprovechan para ponerse al día. Anastasio le cuenta a Laguna que estuvo en Buenos Aires y, accidentalmente, entró a una función del teatro Colón, en la que se presentaba la opera Fausto. El humor de la obra de del Campo surge del hecho de que el gaucho el Pollo, un hombre simple de campo, no puede distinguir la diferencia entre las actuaciones y la realidad, y se lo cuenta a Laguna como si fueran cosas que en realidad sucedieron.

El encuentro entre el doctor Fausto y el diablo, lo describe de la siguiente manera:

  
Que cansado de sufrir,
Y cansado de llorar,
Al fin se iba a envenenar,
Porque eso no era vivir.

El hombre allí renegó,
Tiró contra el suelo el gorro,
Y, por fin, en su socorro,
Al mesmo Diablo llamó.

¡Nunca lo hubiera llamao!
¡Viera sustaso por Cristo!
¡Ahí mesmo, gediendo a misto,
Se apareció el condenao!

Hace bien, persinesé,
Que lo mismito hice yo.
–¿Y cómo no disparó?
–Yo mesmo no sé por qué.

¡Viera al diablo! Uñas de gato,
Flacón, un sable largote,
Gorro con pluma, capote,
Y una barba de chivato.

Medias hasta la berija,
Con cada ojo como un charco,
Y cada ceja era un arco,
Para correr la sortija.

–Aquí estoy a su mandao,
Cuente con un servidor–,
Le dijo el Diablo al dotor,
Que estaba medio asonsao.

–Mi dotor, no se me asuste,
Que yo le vengo a servir;
Pida lo que ha de pedir
Y ordéneme lo que guste–.



En este mismo tono y estilo, el Pollo le cuenta a Laguna toda la historia del doctor Fausto, su amada, Margarita a quien el Pollo llama “la rubia”, y cómo el diablo, a quien describe como un guitarrero payador, juega con ellos. Pero el dialogo entre ambos gauchos no pasa solo por la historia del “dotor” sino por comentarios entre ambos hombres de campo sobre las cosas que van sucediendo, el amor, las mujeres, el bien y el mal. De una forma maravillosa del Campo nos lleva de la literatura alemana a la vida común de los gauchos. Siempre, sin perder el humor. Hasta llegar al final:

Cayó el lienzo finalmente,
Y ahí tiene el cuento contao…
–Prieste el pañuelo cuñao,
Me está sudando la frente.

Lo que almiro es su firmeza,
Al ver esas brujerías.
–He andao cuatro o cinco días
Atacao de la cabeza.

Ya es güeno ir ensillando…
–Tome ese último tragito,
Y eche el frasco a ese pocito
Para que quede boyando.–

Cuando los dos acabaron,
De ensillar sus parejeros,
Como güenos compañeros,
Juntos al trote agarraron.
En una fonda se apiaron,
Y pidieron de cenar;
Cuando ya iban a acabar,
Don LAGUNA sacó un rollo
Diciendo: “El gasto del POLLO
De aquí se lo han de cobrar”.



Esta obra, como dije considerada una de las más importantes del género, ha sido aplaudida por escritores como José Hernández, Ricardo Güiraldes, Jorge Luis Borges y Manuel Mujica Lainez. Hace años, cuando yo estaba en la escuela, era texto de referencia obligatorio, tanto que en esa época aprendí de memoria esa primera estrofa, y todavía la puedo recitar.

Esta obra ha sido ilustrada, entre otros, por Florencio Molina Campos, Hector Basaldúa, Oski y Oscar Grillo.



En 1944 se presentó en Santiago de Chile la Obertura para el Fausto Criollo, Op 9, compuesta por el compositor argentino Alberto Ginastera. 


En 1979, el director de cine Luis Saslavsky estrenó una adaptación cinematográfica llamada El Fausto Criollo.


Si les gusta la poesía gauchesca, Fausto es una obra imperdible. Si nunca tuvieron la experiencia de leer este género, se los recomiendo como entrada. Quizás después sea más fácil leer obras como Martín Fierro o Don Segundo Sombra.